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Formación profesional
Presentamos a... Lourdes Fernández-Ventura PDF Imprimir E-mail
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Educando - Formación profesional
11 septiembre 2015 1
Foto: Josevi

 1º.-¿Puede recordarnos brevemente sus inicios en la lectura y en la escritura? Fue una vocación muy precoz. Escribí mi primer cuento en cuanto supe juntar palabras, creo que a los cuatro años. Me fascinaba que me contaran cuentos e historias, y leer era mi universo paralelo, de modo que enseguida quise escribir mis propias historias. Desde niña mi decisión fue firme, de mayor quería ser escritora. Me crié en una casa con muchos libros, y los nombres de Dickens, Balzac, Dostoievski, Carmen Laforet o Delibes, me resultaron cercanos desde la infancia. Pero también devoraba sin permiso las novedades de literatura contemporánea que leían mis hermanos mayores ya universitarios. A los 14 años me hice existencialista: había ya leído a Camus, a Sartre y a Beauvoir , fumaba a escondidas y me vestía de negro, me pareció lo más normal. Cuando llegó la hora de decidir qué carrera estudiar pensé que lo mejor sería Ciencias de la Información, para ser periodista, así colmaría rápidamente mi necesidad de escribir. Y así fue. Mientras estudiaba, con 19 años , ya empecé a publicar en la prensa. Tuve la suerte de empezar en la sección de cultura de Diario 16, entrevistando a grandes escritores. Tardé bastante más en atreverme a publicar mi primera novela, en realidad los dos primeros intentos siguen en un cajón, y mientras tanto me dediqué al periodismo cultural y, cuando podía, a seguir estudiando literatura fuera de España.

2º.-Siempre ha mostrado interés por la literatura escrita por mujeres.

Desde que publiqué mi primera novela, Fuera de Temporada, un homenaje a las escritoras inglesas, me han preguntado de dónde surge ese interés. Y he dado la misma respuesta. En medio de las lecturas de autores varones a las que yo accedía en la biblioteca familiar, cayeron en mis manos tres libros de la Colección Crisol, de los pequeños, de los que algunos llaman crisolines, que me tocaron profundamente: Jane Eyre, de Charlotte Bronte, Cumbres borrascosas, de su hermana Emily, y Frankenstein, de Mary Shelley. Yo no tendría más de diez años. Entendí que aquellas mujeres estaban hablándome de ficción y de su realidad y su época al mismo tiempo. Me sentí cercana a sus  personajes. Sus voces literarias me parecieron profundas y sutiles. Ese fue el principio de un afecto siempre renovado por las mujeres escritoras a lo largo del tiempo.

3º.-Entre otras ocupaciones, es asesora literaria en radio. Algo muy necesario en estos tiempos en los que se publica tanto

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que es difícil encontrar la verdadera literatura. Por desgracia el programa Autor, Autor, en el que hablé de literatura durante varios años, ya no existe. En el programa tratábamos de elegir la calidad y estoy convencida de que hoy se publican, entre libros muy comerciales, excelentes novelas y ensayos, que quedan un poco de lado. Sobre todo porque es insólito que en este país sólo exista a nivel nacional un programa de televisión dedicado a los libros, y sólo chispazos en la radio,  eso, lamentablemente, es insuficiente. En Castilla León había una emisión excelente, Silencio se lee, que me parece que ya no existe. Eso quiere decir que pese a los muchos blogs y páginas de Internet, las grandes editoriales pueden manejar bastante bien el mercado con lo que ellos deciden y el dirigismo mata la diversidad y un entramado rico que abarque distintas opciones, como pasa en Francia, dónde hay muchas más revistas de literatura, programas de televisión sobre libros, una emisora de radio, France Culture, 24 horas dedicada a la cultura, salones literarios todo el año en las pequeñas ciudades etc. Hay un gran respeto a la creación en general, y no sólo se publicitan los autores que más venden, como ocurre aquí. 

4º-¿Qué autores influyeron en su formación o en su producción literaria.

Como he dicho fui una lectora temprana de autores y autoras franceses, tanto de novela como de ensayo: Camus, Beauvoir, Sartre, Marguerite Duras, Natalie Sarraute, Michel Butor, y más tarde Foucault, Barthes, Baudrillard… Y al mismo tiempo me dejaba llevar por las tramas compactas de la literatura inglesa del XIX. Podríamos decir que mis influencias oscilan entre el nouveau roman, cuya parquedad y elipsis me fascinan, y la arquitectura sólida flaubertiana, si es posible tal mezcla. De la <<deconstrucción>> a tramas persuasivas con muchos niveles de lectura.

5º.-El amor y la búsqueda de la felicidad son constantes en sus obras. ¿Los considera el motor del mundo? Lo pondría de otro modo: la búsqueda del amor y el paraíso siempre perdido y ganado de la felicidad, son algunas temáticas de mis novelas, y de uno de mis ensayos. Paraísos perdidos porque se escapan de las manos, y ganados porque en medio de los dolores y la desesperación, aparece de pronto el brillo de una felicidad muy efímera. La vida está llena de deseos, temores, esperanzas, luchas para no ahogarse, pequeñas tablas de salvación, placeres y catástrofes, y a menudo mucha soledad por el amor perdido o nunca encontrado, y todo ello está también en mis ficciones. En el mundo real, la respuesta respecto al amor (el amor pasión, el amor al prójimo, el amor a uno mismo, el amor de la caridad, de la amistad, de la solidaridad)  la respuesta es si. El Amor con mayúsculas es el gran motor de la vida, aunque sea un motor bastante deteriorado en muchos seres humanos.    

6º.-¿Amarse a uno mismo es el primer paso para alcanzar la felicidad?

El asunto es complejo, pero diré para no alargarme que nadie puede ser feliz si no se ama y respeta a sí mismo tanto y con tanta atención como a sus seres cercanos. He escrito un ensayo titulado La mujer placer en el que hablo del nuevo hedonismo femenino, pues ya no les basta a las mujeres con sacrificarse por los demás y sufrir por amor como se les dijo durante siglos. Hoy hay una tendencia en las mujeres de los países democráticos a poner atención en sí mismas, en sus necesidades personales, en el logro de sus pequeños o grandes placeres.

7º.-Demuestra también gran interés por la literatura del siglo XIX, como José Calles Vales, último Premio Nadal. En su

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opinión, ¿qué la hace tan atractiva? Es la necesidad de quedar como lectora sumergida  en novelas de gran refinamiento verbal y además encontrarte dentro de una densa trama urdida con inteligencia y personajes que se levantan solos de tan bien construidos, que parece que andan cerca de ti. Pero, pese a mi fama,  en general leo más novela del siglo XX y contemporánea que decimonónica.  

8º.-¿Qué ha supuesto para usted la exposición sobre su obra en Palencia? Primero, un agradecimiento al saber que en la tierra en la que nací se acuerdan de mí, y dedican un bonito homenaje a mis obras <<incompletas>> como yo digo, pues espero seguir publicando algunas más. A continuación, haber tenido la suerte de visitar la excelente Biblioteca Pública de Palencia con su directora Mª José Sánchez Prieto y con la bibliotecaria Concepción Martín, y ver que las salas estaban llenas y que tienen muchos proyectos. Además están allí los microfilmes del periódico El Progreso de Castilla que fundó mi bisabuelo. Por último, en un nivel casi del inconsciente, regresar a Palencia y pensar que mi abuelo y mi bisabuelo maternos, llamados los dos Ramiro Álvarez, ambos periodistas palentinos, entre otras ilustres profesiones, dejaron en mí, probablemente, el gen de la pasión por la lectura y la escritura.  

9º.-¿Para cuándo una nueva novela de Lourdes Ventura? Estoy en la recta final de una novela y espero que dentro de unos meses vea la luz.

10º.-Se acerca el verano. ¿Nos recomienda alguna lectura? Entre los libros de los que he hecho crítica recientemente recomendaría Guardar la casa y cerrar la boca (Siruela), de Clara Janés, para las lectoras interesadas en la Historia de las mujeres y en esa línea también la excelente, Las republicanas burguesas (Punto de vista Editores), de Inmaculada de la Fuente. Una novela impresionante, la del francés Pierre Lemaitre, Nos vemos allá arriba (Salamandra), Premio Goncourt, y menos densas, pero atrapadoras y entretenidas, Las dos señoras Grenville (Libros del Asteroide), de Dominick Dunne, una especie de Truman Capote más ligero, y la primera novela policiaca de Juana Salabert , La regla del oro (Alianza Negra). 

 


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