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Bitácora
EL CRISOL SUAJALI. PDF Imprimir E-mail
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Arte e Historia - Bitácora
05 febrero 2017 1

Mercado yemení de esclavos de las Mqamat de al Hariri, siglo XIII

Bibliothéque Nationlae de France, Paris.

Autor: Roberto Alonso Tajadura

Desde hace unos cinco mil años, mucho antes de que la romanización ejerciera toda su influencia sobre el Mundo Antiguo, el comercio entre Oriente y Occidente se desarrollaba fundamentalmente a través de dos grandes vías que bordeaban la península arábiga y convergían en el Levante mediterráneo: la del golfo Pérsico y Mesopotamia, y la del mar Rojo, Egipto y Jordania. Ambas rutas eran explotadas por comerciantes omaníes y yemeníes que completaban su actividad poniendo en contacto las costas de Arabia, India y África, bañadas por el océano Índico.

De forma paralela y complementaria, serían los fenicios, quienes prolongarían esta expansión comercial haciendo llegar las riquezas y mercancías procedentes de oriente a lo largo de todo el litoral mediterráneo.

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Viajero árabe. Ilustración de 1237, atribuida a Yahya ibn Mahmud al Wasiti. Bibliotthéque Nationales de France (Paris)

Fundamentalmente, el éxito de yemeníes y omaníes residió en el proverbial conocimiento que adquirieron de los monzones del Índico y al eficaz aprovechamiento que hicieron de sus vientos y corrientes para conectar el golfo de Bengala, el mar Arábigo y la costa este de África. Aunque las distancias fueran grandes, con ellos, los viajes de ida y vuelta desde el subcontinente indio hasta la costa africana estaban garantizados: de diciembre a mayo, se podía llegar desde la costa india de Malabar a Mogadiscio en apenas dos meses; y de junio a octubre, podía hacerse el recorrido inverso invirtiendo el mismo tiempo.

Por todo ello, durante siglos el océano Índico se convirtió para estos pueblos, de gran vocación marinera, en una suerte de “lago árabe”,y luego, “musulmán”, cuyas orillas se jalonaron de una próspera cadena de enclaves y establecimientos comerciales. Al menos, hasta la violenta irrupción, a finales del siglo XV, de las carracas y carabelas portuguesas que habían iniciado su particular búsqueda de las Indias.Sea como fuere, del encuentro comercial y cultural, que tuvo entonces lugar en torno al Índico, florecería la sugerente y original comunidad suajili.

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Ciudad Antigua de Mombasa.

(Kenia) 

Para conocer su origen, hay que remontarse al segundo milenio de nuestra era. En aquella época el incienso y la mirra eran tan abundantes en las regiones de Dhofar (Omán), Hadramawt (Yemen) y otras zonas de la península de Arabia,  como apreciadas en Mesopotamia, Egipto, Persia y la cuenca mediterránea: mientras que el primero se empleaba para ambientar los templos y enmascarar los malos olores de que estaban impregnadas las casas de la época por la ausencia de desagües y alcantarillas; la segunda se destinaba a la elaboración de perfumes y aceites para embalsamar cadáveres, e incluso, a mezclarla con vino.

Favorecidos por esta privilegiada situación, omaníes y yemeníes sólo tuvieron que satisfacer esta demanda para enriquecerse e ir ampliando su radio de acción comercial.

Cuando la producción de estas resinas aromáticas resultó insuficiente para cubrir la demanda, omaníes y yemeníes emprendieron su búsqueda en nuevos lugares como Somalia y Etiopia. Lo mismo pasó con las perlas. Inicialmente abundantes en las pesquerías de los golfos de Adén y de Omán, cuando comenzaron a escasear por la fuerte oferta comercial que se imprimió sobre ellas, omaníes y yemeníes debieron importarlas de la India y Ceilán para mantener su mercado.

De esta forma, a medida que las relaciones mercantiles fueron extendiéndose, una gran variedad de artículos y géneros iba integrándose al

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Ciudad Viajero árabe. Ilustración de 1237, atribuida a Yahya ibn Mahmud al Wasiti. Bibliotheque Nationale de France (Paris). 

negocio omaní y yemení. Además de mirra, incienso y perlas, oro, marfil, esclavos, piedras preciosas, conchas de tortuga, índigo, seda, huevos y plumas de avestruz, cuernos de rinoceronte, marfil, algodón, y todo tipo de especias, acabaron incorporándose al circuito comercial.

Desde el punto de vista cultural, el resultado fue un fuerte sincretismo que cristalizó, en la costa oriental de África, desde Somalia hasta Mozambique, en la formación del suajili, una lengua común de raíz bantú que incorporaba infinidad de préstamos lingüísticos de origen árabe y se convirtió en dominante en esta región de África.

Tras este complejo cultural, la comunidad suajili articuló un conjunto de ciudades-estados como Mogadiscio, Lamu, Malindi, Mombasa, Kilwa Kisiwani, o Zanzíbar, que establecieron lucrativos contactos con los reinos africanos del interior del continente para hacerse con esclavos y obtener oro y marfil.

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Ciudad de Terrazas agrícolas del interior de Yemen. 

Su mayor prosperidad se produjo a lo largo del siglo XV, un periodo que coincidió con un momento en que China llevó a cabo su más osada expansión ultramarina. Hasta tres expediciones, realizadas entre 1417 y 1433, fueron acometidas por el eunuco Zheng He, almirante de la flota imperial china, con la intención de establecer en África oriental una posición comercial que nunca llegaría a consolidarse.

 

Imágenes tomadas de: Wikimedia.